lunes, 4 de diciembre de 2017

Andalucía: 40 años de la imposición de una falsa identidad

Hoy, 4 de diciembre, se conmemora el día en que, hace cuarenta años, a rebufo de un renaciente nacionalismo vasco y catalán de tintes liberales e izquierdistas —engendrado en el seno del tardofranquismo—, se introducía también en nuestra tierra el veneno del nacionalismo regional. Dicen que ese día un millón de personas se manifestaron para pedir la «autonomía», y que ese hecho justificaría la creación de la artificial Comunidad Autónoma Andaluza y la adopción de una bandera y un himno contrarios a nuestra identidad. Poco importó que fueran más los millones de andaluces que se quedaron ese día en su casa; o que durante la Transición año tras año en el mes de noviembre se congregaran también un millón de españoles en la madrileña plaza de Oriente para mostrar su rechazo al separatismo y la democracia liberal. El nuevo régimen tenía decidido de antemano qué manifestaciones iban a obtener réditos políticos y cuáles no.

Como andaluces tradicionalistas afirmamos que el nuevo centralismo absorbente que se creó entonces —aunque estuviese la capital en Sevilla y no en Madrid—, así como los símbolos morunos que nos adjudicaron, no tienen nada que ver con el sano regionalismo cordobés y español que reivindicamos. Para mostrar el por qué de nuestro rechazo a la enseña verdiblanca, reproducimos el siguiente artículo publicado en 2015 por nuestros correligionarios del Reino de Granada.



Santiago Matamoros, Apóstol de Cristo y Patrón de España,
aparecido según la tradición en la Batalla de Clavijo,
contribuyendo a la victoria sobre las huestes sarracenas.
No puede dejar de preguntarse cualquiera que conozca el tradicional carácter netamente católico y españolista del pueblo andaluz, cómo es posible que la enseña que dice representar esta región se inspire en los pendones de los enemigos de España y de la Cristiandad, a los que los antepasados de los andaluces, venidos de todos los rincones de las Españas, habían derrotado muchos siglos atrás en una larguísima lucha contra el invasor, haciendo triunfar finalmente la Cruz sobre la media luna y repoblando la tierra que anteriormente habían habitado sus mayores, los mozárabes (la mayoría de los cuales se habían visto obligados a exiliarse al norte para escapar del yugo sarraceno en sucesivas olas migratorias).

Auténtico pendón o bandera de Sevilla, cuyo diseño coincide
(salvo por el color) con el del blasón de la región andaluza, 
que hasta 1833 no incluía las actuales provincias de Granada, 
Málaga y Almería. San Fernando, conquistador de Córdoba, Jaén 
y Sevilla, es patrón de esta última y de otros pueblos andaluces.
Los renegados, mal llamados andalucistas, de principios del siglo XX, con el masón Blas Infante a la cabeza, ignoraban (o querían ignorar) que Andalucía, al igual que el resto de reinos, principados, señoríos y provincias españolas, ya tenía su tradicional simbología propia desde muy antiguo, como indicaba el libro de Escudos de Armas, LIBRO Y BARAJA, de Francisco Gazán de 1748; [1] o el mapa geográfico de Pedro de Salanova de 1792, [2] por lo que no era necesario inventarse enseña alguna:

Una vez implantado el liberalismo, los reinos de España fueron sustituidos por provincias no siempre acordes a nuestra historia. En 1833 desaparecía el Reino de Granada del mapa geográfico, quedando integrado nominalmente en Andalucía, aunque lo que vino a llamarse Andalucía Oriental siguió administrándose de manera separada en la España liberal, quedando las provincias orientales, incluida Jaén, sujetas a la jurisdicción de la Audiencia de Granada y a su Capitanía General, por lo que a mediados del siglo XIX se consideraban provincias granadinas o país granadino. [2]

Los nacionalismos separatistas o pseudoseparatistas que empezaron a aflorar a principios del siglo XX en Cataluña y Vascongadas a raíz de la pérdida de Cuba y Filipinas influidos por las corrientes románticas y racistas europeas, tuvieron también su eco en Andalucía. Los "iluminados" sureños (a los que, a diferencia del caso vasco y catalán, casi nadie siguió) alegaban que la supuesta raza árabe de los andaluces había generado un paraíso andalusí perdido con la Reconquista.
Blas Infante

Su líder, Blas Infante, inventor del mal llamado andalucismo, personaje que ha pasado a la historia como pacifista pero que realmente fue un belicista que hizo campaña a favor de la entrada de España en la Primera Guerra Mundial y que dedicó un drama épico a Almanzor [3] (caudillo árabe famoso por su crueldad y masacres a los cristianos) jamás consiguió acta de diputado y su movimiento "andalucista" fue insignificante en la práctica durante el reinado del llamado Alfonso XIII.

Sin embargo, a raíz del proyecto de descentralización del Estado emprendido por la II República, que no llegó a prosperar, se hacía necesaria la adopción de una bandera para cada región. La pregunta ¿cómo lograron colarle al entonces muy católico y españolista pueblo andaluz una bandera mora? se responde fácilmente a la luz de las noticias aparecidas en la prensa de la época: a base de mentiras.

A finales de octubre de 1932, con motivo de los actos preparativos de la Asamblea Regional Andaluza encargada de preparar la autonomía para la región (asamblea que acabaron abandonando los representantes de las diputaciones republicanas de Granada, Jaén, Almería y Huelva, en rechazo al proyecto autonomista planteado, con el posterior alcalde republicano de Granada, Ricardo Corro, espetándole a la Asamblea: ¡Repasad la historia! [4]) la Comisión andalucista hacía público en la prensa el siguiente comunicado [5]:

Muchas personas se han dirigido o la Comisión con el deseo de conocer el origen y significado de la bandera regional. En la imposibilidad de contestar personalmente a todas, empleamos el gran vehículo difusor de la Prensa para decir que no es la bandera andaluza una creación artificiosa del momento, sino que tiene una dilatada y gloriosa existencia histórica. Las provincias béticas ya empleaban en tiempos de Roma los tonos verde y blanco para las insignias. Posteriormente la Andalucía mahometana adopta en las banderas de sus cofradías iguales colores. Y en tiempos de la gran obra de América (eminentemente andaluza) se emplean dichos colores para distinguir los Gobiernos virreinales y abanderar las naves que mantenían el tráfico con las Indias por la Casa de contratación de Sevilla. En este concepto ondeó profusamente durante la Exposición Iberoamericana en todos los actos oficiales, como había ondeado anteriormente en todos los centros andalucistas, clausurados durante la Dictadura, y por último en la Casa de Andalucía, en Madrid. En cuanto a la interpretación simbólica de las franjas alternadas (verde-blanco-verde), la más admitida es casas blancas en campo verde los pueblos y los campos andaluces. 

El comunicado de la Comisión no requiere mayor interpretación. Puesto que nadie conocía el significado de esta bandera que empezaba a utilizarse en edificios públicos de la República y que había sido ya izada en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, a los que preguntaban, se les decía que eran unos colores que representaban "casas blancas en campo verde" o "paz y esperanza" y que habían sido también empleados tanto por los romanos, como por los moros, como por los españoles modernos "en la gran obra de América eminentemente andaluza". Concepto este último en el que había ondeado falsamente en la Expo del 29 y no por su significación real, meramente mahometana.

Sin embargo, después de que algunas diputaciones provinciales y ayuntamientos la hubieran convertido ya, de facto, en la bandera de Andalucía, los mal llamados andalucistas no tuvieron reparos en hacer pública, ahora sí, la realidad que antes habían ocultado, dejando en evidencia las mentiras que habían empleado sobre el significado de la bandera con el fin de facilitar su adopción.

Así, en diciembre de 1932, un artículo publicado en varios periódicos, entre ellos en el diario republicano La Voz, [6] explicaba el origen de la enseña que aquellos "iluminados" (o renegados) habían diseñado para representar a la región andaluza sin el consentimiento de los andaluces. El propio artículo, redactado por los falsos andalucistas, reconocía el desconocimiento del pueblo sobre el origen de aquella bandera que, para más inri, se decía que habían creado los moros para conmemorar una derrota de los cristianos:

Como no creo que sea de todos conocido el origen de ella y el uso que en el transcurso de los siglos de la misma se ha hecho, estimo oportunidad la presente que obliga a exponer sobre el particular algo que para muchos ha de ser interesante: [...] 
La noche antes de la gran batalla, Jacub Almansur vio en sueños un ángel "vestido de blanco" que llevaba una "bandera verde", el que le prometió un gran triunfo. No engañó el sueño al jalifa; la derrota de los enemigos fue completa. [...] Con este motivo ofreció el jalifa construir el más alto alminar del mundo. [...] Así fue; el año 1198 era inaugurada la Aljama de Sevilla, en cuyo alminar, llamado hoy la Giralda, ondeaba la "bandera verde y blanca", en la que, con la unión de colores "verdes", del Islam, y "blanco", del jalifa, se simbolizaba la unión de las provincias del Andaluz (sic) de uno y otro lado del Estrecho. [...]

En su delirante exposición, el firmante, José Martín, añadía:

Ciudadanos de Andalucía, esa alegre y vistosa bandera de tan antiguo brillante origen [...] la hemos tenido los andalucistas durante veinte años por solo nuestra. [...] Hoy ya no es sólo nuestra; ya es de todos los andaluces.
Al tiempo que cometían tamaño crimen contra nuestra sangre y nuestra historia, para no asustar demasiado, se habían inventado el lema de "Andalucía por sí, para España y la Humanidad" porque el que quizá les habría gustado más de "Andalucía por sí, para Marruecos y el Islam" habría escandalizado y provocado demasiado rechazo a la causa "andalucista".

Tras la victoria nacional en 1939 la bandera mahometana desapareció de la vida pública andaluza y poca gente se acordaba de ella. Tampoco hay constancia de que fuera empleada por la oposición antifranquista, salvo escasamente a finales de 1975. Al existir el precedente de la II República, durante la Transición y el "proceso autonómico" sólo hubo que "rescatarla" y "desempolvarla". El Estatuto de 1981, cuyo referéndum no votó la mitad de los andaluces, aprobaba un nuevo centralismo, esta vez desde Sevilla, y la bandera mahometana de Blas Infante como bandera oficial de Andalucía. El mal ya estaba hecho.
Sujetos tapados con una bandera verdiblanca con estrella roja de significación comunista 
y separatista protestando groseramente contra la secular fiesta de la Toma de Granada del 
dos de enero, muy apreciada por los granadinos. El extraño comportamiento de estos 
individuos desarraigados no sólo obedece a la decadente cultura de las tribus urbanas 
sino que para entenderlo es preciso remontarse a un peculiar movimiento autonomista 
burgués mal llamado andalucista nacido a principios del siglo XX.

Notas:

[1] LIBRO Y BARAJA (1748)
[2] Diario de Madrid (12/05/1792)
[2] Lafuente Alcántara, Miguel: Historia de Granada, comprendiendo la de sus cuatro provincias, 1852; passim.
[3] Fernández Espinosa, Manuel: Movimiento Raigambre. El andalucismo, ¿quinta columna del Islam?
[4] Diario de Córdoba (31/01/1933)
[5] El Defensor de Córdoba (04/11/1932)
[6] La Voz (25/12/1932)