viernes, 10 de noviembre de 2017

La toma de Córdoba en la primera guerra carlista

Corría el año de 1835. España estaba sumida en la guerra civil más cruenta de su historia, conocida como la guerra de los Siete años o Primera guerra carlista. El 22 de septiembre una expedición carlista al mando del General Gómez había atravesado la Mancha y entrado en la provincia de Jaén, pasando por Venta Nueva de Montizón y pernoctando dicho día en Chiclana de Segura.

Chiclana de Segura (Jaén)
En esta última población, presidida por el General Gómez, hubo una junta de Jefes, a la que asistieron el General Cabrera y los Brigadieres Marqués de Bóveda de Lima, Quílez, Arroyo, Villalobos y Miralles, para tratar de si se regresaba, marchando a Murcia, o se continuaba, adentrándose en Andalucía. El acuerdo unánime fue tratar de organizar la guerra en la región andaluza.

Prosiguió la marcha el día siguiente, cruzando el río Guadalimar para dormir en Villanueva del Arzobispo. El 24 continuaron por Villacarrillo y Torreperogil y pasaron a Úbeda, donde se reposó. Marcha corta fue la del 25 a Baeza, donde pudo pasarse el resto del día 26, desarmando a los guardias nacionales, como venían haciendo en todos los pueblos por que pasaban. Desde Baeza se dirigió Gómez a Alaix, sobre la cuestión de los prisioneros, sin que el General cristino contestara. El 26 fueron a Begíjar, y el 27, después de cruzar de nuevo el río Guadalimar por Bailén, fueron a Andújar.

Próximos a esta población, supieron que una fuerza de caballería cristina ocupaba el puente sobre el Guadalquivir, por lo que se destacó un escuadrón de caballería, a las órdenes del Brigadier Villalobos, el cual dispersó la fuerza contraria, matando a siete enemigos y haciendo un prisionero; los demás fueron a Córdoba a dar la noticia de que la División del General Gómez se aproximaba.

Descansó la expedición en Andújar todo el día 28, y el 29 emprendió la marcha de nuevo, agregándose a la salida de la población el Brigadier García de la Para, quien con treinta jinetes a sus órdenes había ido a Andalucía desde la Mancha; al saber que estaba el cuerpo expedicionario en Andújar, se presentó al General Gómez.

Por Villa del Río se penetró en la provincia de Córdoba, pasando por Pedro Abad y pernoctando en El Carpio. El 30 los carlistas franquearon el río Guadalquivir por el puente de Alcolea y se aproximaron a la ciudad de Córdoba.


El general carlista D. Miguel Gómez Damas
(Torredonjimeno, 1785 - Burdeos, 1864)
Toma de Córdoba

Anticipándose a las demás fuerzas, se habían adelantado el General Cabrera y el Brigadier Villalobos con sus ayudantes y escolta de caballería, por lo que llegaron una hora antes que la División. Las puertas de la ciudad estaban cerradas y atrancadas; pero habiendo observado que el portillo de Baena estaba desguarnecido, apeose el ayudante Domingo y Arnáu, quien con un hacha empezó a forzarlo; mas unos vecinos carlistas acudieron, quitando el impedimento que obstruía la entrada.

Una sección de nacionales de Iznájar, que acudían a guarnecer el puesto, sorprendida por la caballería que irrumpía, desbandose, perseguida por los jinetes carlistas, buscando refugio en los fuertes del Palacio Episcopal, Seminario de San Pelagio, Caballerizas e Inquisición. El Brigadier Villalobos, que se había lanzado a galope por la Carrera del Puente, sufrió una descarga de cuatro nacionales, apostados en la posada de la Espada, cayendo mortalmente herido de un balazo en la frente. Conducido expirante al Hospital de la Caridad, murió en seguida, y en el cementerio del mismo fue enterrado.

Mientras los caballos de los ayudantes y los lanceros carlistas recorrían la población, hacia las tres de la tarde llegó la División expedicionaria, que circunvaló con los batallones aragoneses y valencianos los fuertes donde se habían acogido los nacionales para proseguir la defensa, quedando encargado de la toma de estas posiciones que mantenían los cristinos el Coronel Lloréns.

Como al anunciarse el avance de los carlistas sobre Córdoba se había reunido la Diputación Provincial constituida en Junta de armamento, en esta reunión se había creído conveniente que el anciano Brigadier don Teodoro Cálvez Cañero, a quien por su edad avanzada no se consideraba con suficiente autoridad para dirigir la defensa, cediera el mando de la Comandancia general de la provincia al Teniente Coronel don Bernardino Martí. Este se encerró en los fuertes, y a la primera intimación a que se rindiera, y como Martí era propicio al cese de las hostilidades, fue nombrado en su lugar el Coronel don Francisco Antonio del Villar. El fuego no cesó en toda la tarde del 30, y la noche se pasó en estas negociaciones.

La torre de la Inquisición desde los Jardines de la Alcazaba
En la madrugada del 1 se reemprendió el fuego. El primero en rendirse de los reductos interiores fue el de Caballerizas, al que siguió la capitulación del Palacio Episcopal, donde había unos 2.200 nacionales y paisanos armados. Estos depusieron las armas después de un violento asalto de los batallones valencianos y aragoneses; quedaron en poder de los carlistas tres piezas de artillería. Por último, capituló el fuerte de la Inquisición, quedando casi dominada la resistencia de Córdoba.

La noticia de la entrada del General Gómez en Córdoba cundió rápidamente por la provincia, y en la casi totalidad de la misma se levantaron los pueblos en favor de Carlos V. Fue tanta la importancia de este alzamiento de los pueblos cordobeses, que el General Gómez tuvo que dictar una disposición por la que se daban reglas e instrucciones para la constitución de los ayuntamientos. Aunque por lo general los historiadores han conocido voluntaria o involuntariamente esta demostración de carlismo en la provincia de Córdoba, tenemos el testimonio carlista, comprobado por el testimonio oficial liberal.

José M. Delgado, en su «Relato oficial de la meritísima expedición carlista dirigida por el general andaluz don Miguel Gómez» (1943), afirma:

«Casi todas las ciudades y pueblos de esta provincia, o al menos los más principales, se pronunciaron abiertamente por la causa del Rey antes de recibir la circular, y algunos antes de saber la rendición de los fuertes. No es posible ver mayor entusiasmo y decisión por nosotros que la que vimos en Córdoba, su provincia y casi toda Andalucía».

En una comunicación del Capitán general cristino de Andalucía se dice, después de la marcha de Gómez, lo siguiente, que corrobora lo firmado por Delgado:

«En esta capital y provincia hago que se restituyan las autoridades y que se restablezca en todas partes el sistema constitucional, para lo cual he dispuesto que los batallones al mando del Jefe de toda mi confianza recorran los pueblos y procedan a la prisión de los que hayan contribuido a destruirlo, contra los cuales en varios puntos tengo ya formadas causas que he remitido a la Comisión militar».

La población de Córdoba festejó la presencia de la División carlista con grandes iluminaciones y fuegos de artificio. Del fervor carlista de los cordobeses se hace eco un viajero inglés que visitó la ciudad poco tiempo después de la ocupación por Gómez, y su testimonio de adversario tiene su valor.

La Catedral de Córdoba
En la Catedral se cantó un solemne Te Deum. Habiéndose presentado al Jefe carlista el músico mayor con los que formaban la banda de la Guardia Nacional de Córdoba para alistarse en las filas carlistas, fue destinada toda la banda al batallón de Granaderos del cuerpo expedicionario, y durante la estancia en Córdoba, ya con los uniformes carlistas, dio conciertos en las plazas de la ciudad. No fueron sólo los músicos los que se presentaron, sino un tan gran número de voluntarios, que Gómez dispuso formaran los batallones primero y segundo de Córdoba, no faltando el armamento por el importante botín conseguido en la toma de la ciudad.

Eran también numerosos los Oficiales que se presentaban de ambas armas, y como no había suficiente empleo, se creó un escuadrón de la Legitimidad, en el que muchos que habían pertenecido a la Guardia de Corps de Fernando VII tomaron plaza. Este escuadrón llegó a tener en Córdoba 65 jinetes, todos Oficiales que habían sido del Ejército y que no hallaban vacantes en los cuerpos expedicionarios, ni tampoco en los que se crearon en Córdoba. Porque, además de los batallones de Infantería de que hemos hablado, se formó el 5.º Escuadrón provisional, compuesto casi todo de yeguas procedentes de la yeguada que tenía en Córdoba el ex Infante Don Francisco de Paula. Quedó como Jefe de este escuadrón don Carlos Tasier.

Otras disposiciones se adoptaron por Gómez. Tales fueron la creación de una Junta suprema, que presidía el Deán de la Catédral cordobesa y la formaban como Vocales y como Secretario personas de relieve en Córdoba. Fue nombrado Comandante general del ejército Real en la provincia el Coronel Barón de Fuente Quinto. *

Se extendieron los nombramientos de Jefe Comandante a los guerrilleros Jurado y Méndez y se extendieron autorizaciones para levantar nuevas partidas. Por la muerte en la entrada de Córdoba del Brigadier Villalobos, fue preciso nombrar para sustituirle en el mando de la caballería de la fuerza expedicionaria al Brigadier don Manuel Armijo.

Moneda de 8 maravedíes acuñada en Segovia
con la efigie de Don Carlos María Isidro
(Carlos V de España).
La noticia de que en los fuertes de la Inquisición y del Palacio Episcopal se habían hallado grandes cantidades de mercancías de los comerciantes cordobeses, fondos procedentes de la administración del Estado, no pocos de particulares y todas las alhajas de oro, plata y pedrería de los conventos suprimidos, fue comunicada al General Gómez, quien dispuso se creara una Junta, compuesta de miembros del Cabildo de la Catedral de Córdoba y otros eclesiásticos y de la División expedicionaria, para que tomara a su cargo la custodia de dichos bienes y la devolución a los particulares de sus propios objetos y mercancías.

Efectos de la toma de Córdoba 

Ya hemos hablado del alzamiento general de la provincia de Córdoba en favor de Carlos V. Pronunciáronse la mayor parte y particularmente las poblaciones más importantes, como Baena, Cabra, Lucena y Montilla. Una de las pocas poblaciones que se mantuvieron por los liberales fue Benamejí, que rechazó a una partida carlista que se aproximaba al poblado.

Pero no fue sólo en la provincia de Córdoba donde tal efecto causó la llegada de la División expedicionaria procedente de Aragón y el Norte. En la provincia de Sevilla, el 4 de octubre, al amanecer, la ciudad de Osuna se pronunció por Carlos V, dominando los carlistas la población; mas al día siguiente, o sea el 5, una fuerza cristina, procedente del Campo de Gibraltar, que se dirigía a Carmona, fue destacada para entrar en Osuna a las órdenes del Capitán don Francisco Luna, y éste, cumplimentando la orden, marchó sobre Osuna, dominando el movimiento legitimista.

De las provincias de Cádiz y de Huelva salen columnas y más columnas de Guardias Nacionales, ya que se han movilizado todos los de Andalucía, para la provincia de Sevilla. Lo mismo hacen los Guardias de la provincia de Málaga. Sevilla se aprestó a la defensa, destacando una fuerte columna en Carmona, donde permanece impasible mientras Gómez toma Córdoba y opera por la provincia.

Los guardias nacionales de las provincias de Almería y Málaga se unen a los de Granada, colocándose en los límites de la provincia cordobesa. Pero el terror cunde cuando se sabe la victoria carlista de Córdoba. En Jaén se concentran en la ciudad las fuerzas que operaban por toda la provincia y se emplazan en el cerro de Santa Catalina, junto al viejo y derruido castillo, 14 piezas de artillería. Sevilla toma tantas precauciones, que viene a quedar organizada para la defensa, como si el enemigo estuviera a ta vista. El distrito primero (Magdalena, San Vicente y San Lorenzo) queda bajo las órdenes del General don Carlos González de la Bárcena; el segundo (Sagrario, Salvador y San Isidro), a las del Brigadier don Sebastián de la Calzada; el tercero (San Nicolás, Santa Cruz y Santa María la Blanca), a las del Coronel don Gonzalo Cueto; el cuarto (San Ildefonso, Santiago, Santa Catalina, San Román y San Pedro), a las del Coronel don Juan María Maestre; el quinto (San Juan de la Patina, San Miguel, San Andrés, San Marcos y Omnium Sanctorum), a las del Coronel Ulloa; el sexto (San Marcos, Santa Marina, Santa Lucía, San Julián y San Gil), a las del Coronel don Joaquín de Tormo; el séptimo (San Esteban y San Roque), a las del Coronel don Pedro de Rojas; el octavo (Santa Ana), es decir, Triana, a las del Teniente Coronel don Mateo Primo de Rivera, y el noveno (San Bernardo), a las del Teniente Coronel don Juan Vances Poo.

Parecerá que la ciudad iba a ser defendida en su totalidad, ya que particularmente se hacían obras de defensa por la parte de la Puerta de Carmona. Pues bien: no debían de tener mucha seguridad en esta defensa cuando se acordó que como reducto se fortificaran particularmente la Fundición de Artillería y la Fábrica de Tabacos, organizándose en ésta muy particularmente la de los puentes de entrada en San Telmo y San Diego. Al mismo tiempo se dictaban disposiciones tales como establecer el toque de queda en la ciudad y la prohibición de que nadie saliera de sus casas ni tuviera luces encendidas después de dicho toque. Circulaban patrullas toda la noche por los barrios, pero muy particularmente en los populares, donde el fermento carlista era muy poderoso. Todo este aparato de guerra fue inútil y cabe preguntar: Si se hubiera presentado la División ante los muros de Sevilla, ¿qué hubiera ocurrido? Pero la Historia no relata más que lo que sucedió, y en este caso podemos decir que, como en el soneto famoso, no hubo nada.

Hasta Málaga temió en aquel momento, y hubo necesidad de que una fragata inglesa, Juno, mandada por lord Ilchester, fondeara en el puerto para animar a los liberales. También Cádiz recibió el refuerzo del navío inglés Eudimion.

Se ha de señalar el caso de Granada, donde el Capitán General ordenó el depósito de víveres y municiones en la Alhambra, con el propósito de fijar en la fortaleza palacio de los Reyes moros la resistencia de la guarnición y nacionales. Afortunadamente, Gómez no marchó sobre Granada y no tuvo efecto alguno la barbaridad de convertir el artístico palacio en fortaleza que tuviera que ser tomada a la fuerza.

El General Gómez, después del éxito conseguido en la provincia de Córdoba, decidió pasar a la de Sevilla, pues las noticias que recibía le anunciaban que su entrada en la provincia provocaría un alzamiento general de la misma, ya que los trabajos de conspiración venían realizándose desde largo tiempo. Decidió entonces salir con las Divisiones de Castilla y Aragón, dejando en Córdoba la División valenciana, así como el 7.º de Castilla, que, de reciente formación, se encargó de la custodia de los prisioneros. También quedaron los batallones cordobeses que debían formar el núcleo de una nueva División andaluza. Todo ello bajo el mando del Brigadier Marqués de Bóveda de Limia.



* Francisco Valdelomar, Barón de Fuente Quinto. Nació en Castro del Río (Córdoba). Sirvió con distinción en la guerra de la Independencia. Coronel en tiempo de Femando VII, era respetado y querido en Córdoba, tanto por los liberales como por los realistas, aunque era bien conocido por sus ideas políticas y religiosas opuestas al régimen constitucional. Falleció en Córdoba en 1843.

2 comentarios:

  1. Muy acertada la publicación, y en su origen la rama legítima, con la Ley en la mano, era la Carlista.--Después, como se extinguió,no veo la razón de que sea su Abanderado o ¿pretendiente? Don Sixto, al que conocí y saludé hace muchos años en Jaén, en un piso de su delegado en Jaén, donde fuimos a saludarle un grupo de amigos de F/N, invitados.-

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  2. Se extinguió la rama mayor de la dinastía legítima con Don Alfonso Carlos, pero la monarquía española tiene sus leyes sucesorias plenamente establecidas para asegurar la continuidad. Por esa razón y aplicando esas leyes objetivas se lleva a Don Sixto, no como "pretendiente" porque él no pretende nada, sino como RECLAMANTE, porque reclama lo que le corresponde legitimamente. La monarquía no tiene discontinuidad ni vacíos, en todo caso periodos transitorios de Regencia. Pero siempre existe el poder y la referencia legítima.

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