miércoles, 9 de octubre de 2019

Glorias del Tercio de San Rafael de Córdoba: el carmelita Fray Juan Crisóstomo Domínguez

El Hno. Juan Crisóstomo Domínguez Rubio era un religioso perteneciente a Orden de los Carmelitas Calzados de la Residencia de Córdoba. Al estallar la Cruzada de Liberación Nacional, solicitó a su Superior poder ingresar en el Requeté para luchar por la España católica. Cuenta Fray Simón María Besalduch que éste le impuso un periodo de reflexión de tres días, pasados los cuales volvió a la celda de su Superior para comunicarle la ratificación de sus propósitos.

Aquel Levantamiento Nacional —decía Fray Juan— no era una guerra que se movía por pasiones políticas y ambiciosas; aquello era una Cruzada más en la Historia de la Hispanidad Católica de nuestra fe, y él estaba decidido a formar un número más entre los bravos cruzados de la magna epopeya.

Requetés del Tercio de San Rafael.
Imagen tomada de requetespuntocom 
Y Fray Juan, con la bendición de la Obediencia, se fue voluntario a colocar su granito de arena en el ciclópeo monumento de nuestra reconquista.

Requeté del glorioso Tercio de San Rafael, de Córdoba, Fray Juan lucha en los frentes con bravura de león de pura raza hispana. Dos veces cae herido, víctima de su indomable arrojo, y, hospitalizado, pide con toda el alma su salud para volver al frente. Sobre su guerrera no flamean las doradas cintas de su mérito ni el galón de cabo que se le ofreció por sus actividades guerreras. A continuas insinuaciones de sus hermanos del Tercio para ostentar su graduación, él respondía con un gracejo inimitable:

«Yo no me incorporé al Requeté para llevar galones, sino para servir a mi Dios y a mi Patria».

Su vida de bravo soldado sabía encontrar ocasiones para ostentar al religioso. Todas las noches reunía a sus compañeros de combate para rubricar con su conducta la santa costumbre de nuestra vieja Tradición. Calladas las máquinas de guerra y el tableteo mortífero de las silbantes ametralladoras; mientras enfrente, en el campo rojo, crujía el viento con los ruidos blasfemos de los infernales moscovitas, Fray Juan, rosario en mano, contrarrestaba con sus plegarias santas, rezadas entre sus valientes requetés, las ofensas inferidas a su Divina Majestad. El Hermano Carmelita, por el fervor y la virtud desplegados entre sus compañeros, mereció entre ellos el cariñoso nombre de "El Padre". Y "Padre espiritual" era en verdad Fray Juan Crisóstomo, ante unos soldados que le querían como a un padre y le veneraban como a un santo.

En la presencia del Juez Eterno hacía falta un justo más que mereciera loor y alabanza. Y en la misma víspera de la Asunción gloriosa de Nuestra Madre Inmaculada, "El Padre" del Tercio de requetés de Córdoba cae mortalmente herido. Un balazo en el corazón le arrancó de su pecho el último grito de su fe y de su ideal: ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

El también hermano carmelita Simón María Besalduch dijo respecto a la heroica muerte de Fray Juan Crisóstomo:

Como hermano suyo en Religión, no sé si entristecerme o felicitarme, porque una muerte tan gloriosa y heroica me hace abrigar la esperanza de radiantes claridades y regocijos para el mártir y para mi bendita Orden Carmelitana.

Necrología de Fray Juan Crisóstomo en
el Diario de Córdoba (26/8/1938)

Fuente: Besalduch, Simón María (1940): Nuestros mártires: religiosos carmelitas asesinados en España, por causa de la fe, durante la guerra contra el comunismo soviético, que empezó con el glorioso alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 y termino el 1.º de abril de 1939; pp. 438-439

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