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jueves, 24 de octubre de 2019

Actos por la Fiesta de Cristo Rey en Córdoba

El domingo próximo, 27 de octubre, Fiesta de Cristo Rey según el calendario romano tradicional y lo dispuesto por la Encíclica Quas Primas de S.S. Pío XI, los carlistas de los Reinos del Sur celebraremos los siguientes actos en Córdoba, a los que están invitados todos los amigos y simpatizantes de la Comunión Tradicionalista:
1. A las 12:30 asistencia a la Santa Misa tradicional ("tridentina") en la Parroquia de San Pío V, sita en El Vacar (carretera dirección Badajoz, a unos 30 km de Córdoba). Se ruega llevar boina roja (que nos impondremos acto seguido de la santa comunión conforme al Devocionario del Requeté) y llegar con antelación para colocar las banderas de España y de la Cruz de San Andrés. 2. A las 14:30 comida en un restaurante próximo. 3. A las 18:00 homenaje a varios carlistas sepultados en el cementerio de San Rafael, especialmente a D. Juan de Dios Polo y Muñoz de Velasco, General de la Primera Guerra Carlista, y a D. Fernando Villalba Ariza, Jefe del Tercio de Requetés de San Rafael en la Cruzada de Liberación.
¡VIVA CRISTO REY!

miércoles, 9 de octubre de 2019

Glorias del Tercio de San Rafael de Córdoba: el carmelita Fray Juan Crisóstomo Domínguez

El Hno. Juan Crisóstomo Domínguez Rubio era un religioso perteneciente a Orden de los Carmelitas Calzados de la Residencia de Córdoba. Al estallar la Cruzada de Liberación Nacional, solicitó a su Superior poder ingresar en el Requeté para luchar por la España católica. Cuenta Fray Simón María Besalduch que éste le impuso un periodo de reflexión de tres días, pasados los cuales volvió a la celda de su Superior para comunicarle la ratificación de sus propósitos.

Aquel Levantamiento Nacional —decía Fray Juan— no era una guerra que se movía por pasiones políticas y ambiciosas; aquello era una Cruzada más en la Historia de la Hispanidad Católica de nuestra fe, y él estaba decidido a formar un número más entre los bravos cruzados de la magna epopeya.

Requetés del Tercio de San Rafael.
Imagen tomada de requetespuntocom 
Y Fray Juan, con la bendición de la Obediencia, se fue voluntario a colocar su granito de arena en el ciclópeo monumento de nuestra reconquista.

Requeté del glorioso Tercio de San Rafael, de Córdoba, Fray Juan lucha en los frentes con bravura de león de pura raza hispana. Dos veces cae herido, víctima de su indomable arrojo, y, hospitalizado, pide con toda el alma su salud para volver al frente. Sobre su guerrera no flamean las doradas cintas de su mérito ni el galón de cabo que se le ofreció por sus actividades guerreras. A continuas insinuaciones de sus hermanos del Tercio para ostentar su graduación, él respondía con un gracejo inimitable:

«Yo no me incorporé al Requeté para llevar galones, sino para servir a mi Dios y a mi Patria».

Su vida de bravo soldado sabía encontrar ocasiones para ostentar al religioso. Todas las noches reunía a sus compañeros de combate para rubricar con su conducta la santa costumbre de nuestra vieja Tradición. Calladas las máquinas de guerra y el tableteo mortífero de las silbantes ametralladoras; mientras enfrente, en el campo rojo, crujía el viento con los ruidos blasfemos de los infernales moscovitas, Fray Juan, rosario en mano, contrarrestaba con sus plegarias santas, rezadas entre sus valientes requetés, las ofensas inferidas a su Divina Majestad. El Hermano Carmelita, por el fervor y la virtud desplegados entre sus compañeros, mereció entre ellos el cariñoso nombre de "El Padre". Y "Padre espiritual" era en verdad Fray Juan Crisóstomo, ante unos soldados que le querían como a un padre y le veneraban como a un santo.

En la presencia del Juez Eterno hacía falta un justo más que mereciera loor y alabanza. Y en la misma víspera de la Asunción gloriosa de Nuestra Madre Inmaculada, "El Padre" del Tercio de requetés de Córdoba cae mortalmente herido. Un balazo en el corazón le arrancó de su pecho el último grito de su fe y de su ideal: ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!

El también hermano carmelita Simón María Besalduch dijo respecto a la heroica muerte de Fray Juan Crisóstomo:

Como hermano suyo en Religión, no sé si entristecerme o felicitarme, porque una muerte tan gloriosa y heroica me hace abrigar la esperanza de radiantes claridades y regocijos para el mártir y para mi bendita Orden Carmelitana.

Necrología de Fray Juan Crisóstomo en
el Diario de Córdoba (26/8/1938)

Fuente: Besalduch, Simón María (1940): Nuestros mártires: religiosos carmelitas asesinados en España, por causa de la fe, durante la guerra contra el comunismo soviético, que empezó con el glorioso alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 y termino el 1.º de abril de 1939; pp. 438-439

lunes, 26 de noviembre de 2018

Javier Larrú Sierra (1897-1936)

Tal día como hoy, 26 de noviembre del año 1936, era asesinado por los rojos en Paracuellos del Jarama el ingeniero y destacado tradicionalista Francisco Javier Larrú y Sierra, cordobés de adopción.

Javier Larrú Sierra (1897-1936)
Javier Larrú había nacido el 17 de abril de 1897. Cursó sus estudios con brillantes notas en el Instituto Católico de Artes e Industrias de Madrid.

Perteneció a la Juventud Integrista de Madrid, a la que también pertenecía el hermano de la que sería su esposa, María de los Dolores Niño Juan, con quien contrajo matrimonio en 1922.

Destinado a la Compañía Mengemor, en Córdoba, tuvo distintos proyectos, entre ellos el de la construcción de la línea de Alta, que va desde el salto del Carpio a Villanueva de Minas, trabajo que dirigió personalmente.

Era muy querido de los obreros, con quienes convivía, y, como miembro de la Comunión Tradicionalista, fue presidente del Círculo de Córdoba durante los años de la República, sufriendo el año 1932 persecución y encarcelamiento.

En vísperas del Alzamiento Nacional tuvo que trasladarse a Madrid, por su destino, siendo detenido, lo mismo que su esposa, y, después de ir de cárcel en cárcel, fue asesinado en Paracuellos del Jarama el 26 de noviembre de 1936.


* Información tomada de Larrú y Sierra (Francisco Javier) en Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana (Espasa), suplemento de 1936-1939, tomo 1, p. 464, por Antonio Pérez de Olaguer; y El Siglo Futuro (20 de marzo de 1922).

martes, 31 de julio de 2018

José María Alvear Abaurrea, jefe tradicionalista de Córdoba, por Manuel Fal Conde

Reproducimos hoy, en el aniversario de la heroica muerte en combate de nuestro jefe provincial, D. José María Alvear Abaurrea —a quien ya dedicamos una reseña biográfica en una entrada de blog anterior— un interesantísimo artículo de D. Manuel Fal Conde publicado en El Pensamiento Navarro en 1969.


DE LAS TIERRAS DEL SUR (I)

José María Alvear Abaurrea, el Jefe de Córdoba

Con bandera rojigualda en diciembre del 31.– Una bofetada sonora.– 20.000 entradas para un mitin provocaron su suspensión.– Y dijo Guerrita: «La República es una esaborición».

Escribe Manuel FAL CONDE


Don Manuel Fal Conde cumple lo prometido. Iniciamos hoy una serie de artículos históricos sobre la brava presencia del Carlismo andaluz en aquel berenjenal hirsuto y malencarado de la II República.

No se trata de ensayos doctrinales, sino de rememoraciones anecdóticas, perfiles biográficos y narraciones a la de Dios ampare, con ángel y “kozkor”. (Para los lectores andaluces, digamos que “kozkor” es lo que tienen cuantos tienen lo que hay que tener).

Don Manuel había programado una publicación distanciada, semana a semana, pero nos va a perdonar si en este punto no seguimos su consejo. Y ello, por dos razones: porque acabamos de leer los trabajos y no somos capaces de hacer esperar a los lectores, y porque el domingo celebran nuestros jóvenes su día anual. Don Manuel, que siempre fue joven y amigo de los jóvenes, va a comprenderlo. Estamos seguros.

Si de paso logramos una “propinilla”, mejor que mejor…


* * *


José María de Alvear y Abaurrea (1900-1936)
El advenimiento de la República –aborto del 14 de abril– fue recibido en Andalucía con apretado ceño. No iban a faltar, claro está, elementos conservadores, medrosos, transaccionistas –residuos de la Monarquía liberal– que se aprestaran a su reconocimiento, colaboración, adhesionismo… el afeitado de los cuernos socialistas del marrajo. Pero la quema de los conventos había sido un clarín que invitara a los mozos “al toro por los cuernos”.

Al sano pueblo no persuadieron las farisaicas prédicas del acatamiento, vías legales y mal menor. Y desde los grupos guardianes de los conventos hasta la aparición de los requetés uniformados, instruidos y en pie de resistencia activa en Quintillo, va un proceso instructivo y formador, cuyo mérito pertenece a un grupo de jóvenes que bien pronto el Rey Alfonso Carlos –el anciano venerable entusiasta admirador de la juventud carlista– había de distinguir y enaltecer.

Doble es la vertiente de este renacer carlista andaluz: la instrucción doctrinal en lo que va consiguiendo en prensa y círculos de estudio, y la cohesión de voluntades, temperamentos y caracteres en una verdadera milicia.

Desde los primeros días de esta propaganda y defensa contábamos con José María de Alvear y Abaurrea, primogénito del insigne patriarca del Carlismo andaluz, el nobilísimo Conde de la Cortina. Trasunto en ideales, virtudes, justicia y caridad inmensas con sus trabajadores y con los pobres de la amadísima Montilla, había constituido, aún joven, una familia, bien pronto supernumerosa y siempre noble y digna.

Como había sido de generosa y abnegada su vida de ideales, fue su inmolación en la muerte. En empresa extremadamente audaz, a la que él concurrió solamente por sentido altísimo y heroico de la caballerosidad, un gesto estupendo de valor y dignidad, le ocasionó la muerte. Los días 31 de julio, en memoria de aquél del 1936 en Navalperal de Pinares, tendrán siempre para nosotros enlutado crespón.


SUSPENSIONES… Y 20.000 ENTRADAS

Desde primeros de diciembre de 1931 en que empezaron nuestros mítines con Lamamié de Clairac, hasta el aniversario de “La Niña”, a cuya época nos vamos a referir, Andalucía Occidental, que constituía una región carlista –y sin mengua de lo que por su lado también movía la Oriental–, hizo oír la voz de la Tradición en las cuatro capitales y en todos los pueblos importantes.

“El Siglo Futuro” informaba del verdadero alarde de organización que significó el que el mitin magno anunciado –y de antemano presagiado con el éxito– para la plaza de toros de Sevilla, como final de la campaña de dos semanas de propaganda simultánea de las cuatro provincias, suspendido, no hay que decir que arbitrariamente, por el gobernador, fuera en tres fechas trasladado a la plaza de toros de Córdoba.

Jefe provincial, José María Alvear; local, Javier Larru; colaborador destacado, José María García Verde.

Cuando la noche anterior de ese domingo 3 de abril de 1932 el otro poncio suspendió el mitin –detrás de cortinas siempre el Ministerio de la Gobernación– había distribuidas más de 20.000 entradas como informaba el mismo “Siglo Futuro”.

Se pudo suspender el tren especial contratado desde Sevilla pero no el vagón especial reservado en el exprés de Madrid, los autobuses y vagones del rápido Cádiz-Madrid tomados desde Jerez y Cádiz.


AQUELLA BOFETADA…

Aquella mañana, pese al tiempo desapacible, Córdoba bullía en fuego carlista: De la campiña, de la sierra, llegaban autobuses sin cesar que paraban ante la plaza de toros. De Madrid había llegado la expedición del exprés que, como la de autobuses, organizara el inolvidable Aurelio González de Gregorio. Ortiz Estrada había de informar en una buena crónica en la que denunciaba las insolencias de mozalbetes y gente republicano-socialista durante el trayecto.

El tembloroso gobernador cerró el Círculo Tradicionalista de calle Gondomar por presión de los diputados ácratas Bruno Alonso y Margarita Nelken, que la tarde del sábado dieron una conferencia a las paredes y sillas de un pequeño salón.

La multitud aglomerada en los alrededores de la plaza se dirigió, ordenadamente, hacia la estación del ferrocarril, próxima la llegada del rápido de Sevilla que, en sustitución del tren especial, transportaba a sevillanos, gaditanos y jerezanos insumisos a la suspensión.

El andén, las entrevías y la plaza exterior estaban atestados.

Por entre la multitud se filtraron los diputados socialistas y el grupo de sus admiradores, pues que aquéllos marchaban en ese tren a Madrid. La llegada del convoy, con tantas ventanillas llenas de carlistas, provocó los primeros vivas. Aquellos “Viva España” que tanto irritaban a los gobernantes del paraíso republicano. (Años después habíamos de volver a padecer el rebrote de esa misma malquerencia al inveterado vítor).

Bruno Alonso, ya en la plataforma del vagón, sacó la pistola. La Nelken, más “caballerosa”, se la sujetó para que no disparara y le arrastró hacia dentro del vagón. Pero un diputado republicano cordobés, cuyo nombre no tengo ganas de recordar, lanzó un viva la República que de parte del público que abarrotaba los andenes causó cien vivas a España y al Rey, y de parte de nuestro José María Alvear –corpulento, fuerte, intrépido– mereció en la carota del estúpido provocador, tan soberbia bofetada que le derribó bajo el andén, entre vías.

¡Cuántas humoradas, cuántas gratas exaltaciones, mereció los años siguientes, en especial en la cárcel los días que pasamos juntos, aquella sonora, contundente, solemne bofetada!


CON BANDERA ROJIGUALDA

En medio de los enardecedores gritos de nuestro trilema, un joven –¿de Madrid? ¿de Jerez?– que no he podido identificar, enarboló airosamente una gran bandera española, la gloriosa roja y gualda que habían proscrito como símbolo monárquico.

Con su presidencia se organizó la manifestación hacia el paseo del Gran Capitán, en el que en el Hotel Simón se hospedaban nuestros diputados y oradores.

Córdoba recibió la manifestación con aclamaciones de todo el vecindario. Desde los balcones rebosantes se contestaban nuestros vivas, y en algunos aparecieron colgaduras bicolor.

Sobre la manifestación, volaron dos avionetas que tampoco habían recibido noticia de la suspensión del mitin y venían a honrarlo volando sobre la plaza de toros. Al poco, en su discurso, Jaime Chicharro haría una cálida alabanza de los hermanos Ansaldo, que eran los dos pilotos de las avionetas, en una de las que venía el sin igual Manolo González Quevedo, organizador de ese gesto maravilloso.

Don Francisco Contreros, de Jerez, había de decir que era la primera vez que, bajo la República, se ostentaba en público la gloriosa bandera de nuestra Patria.


LA FRASE DE “GUERRITA”

Aquellos magníficos organizadores habían preparado tres banquetes en distintos hoteles para la salida del frustrado mitin. Éstos se celebraron, corriéndose la consigna de que a la terminación se acudiera al Regina a los discursos o brindis.

Hablaron Rodezno, Martín de Asúa, Chicharro, Lamamié de Clairac y Esteban Bilbao. Durante su discurso, un comisario de Policía le interrumpió comunicando la suspensión gubernativa y la detención de los oradores y organizadores.

Quedamos detenidos los oradores –callando los diputados, Rodezno y Lamamié, su inmunidad–, Alvear y yo.

Estábamos en un despacho del Gobierno Civil. Por la calle circulaban grupos y grupos, y se daban palos a granel con los de la Casa del Pueblo, que no habían cesado de provocar a nuestros amigos que, bien hacían turismo en la ciudad, bien con los cordobeses pedían nuestra libertad.

A media tarde recibimos una visita sensacional. El califa de la torería de todos los tiempos, que ya sabíamos tenía entrada preferente para el mitin, Rafael Guerra “Guerrita”. Capa parda con ricos broches, camisa de pechera rizada, sombrero cordobés negro y sus eternas patillas.

La conversación, los comentarios transcurrían sobre el abuso de autoridad habido. El Guerra era de pocas palabras. Menos allí, entre personas para él desconocidas. Por fin, en un silencio de todos, el maestro abrió su boca:

“La verdad es, pronunció, que la República es una esaborición”.


TRES RETOS

El recibimiento a la República en Andalucía quedó cifrado antes de su primer aniversario con estos tres vigorosos vetos:

La solemne bofetada por un noble caballero.

La ostensión de la bandera nacional por un requeté anónimo.

Y la condenación inapelable del rey de la torería, maldición fulminante del “ánge” andaluz: ¡¡esaboría!!


Fuente: El Pensamiento Navarro, 18 de Diciembre de 1969, página 8.

viernes, 25 de mayo de 2018

Se celebró en Córdoba una reunión organizativa de la Comunión Tradicionalista

El pasado sábado 19 de mayo de 2018, vigilia de Pentecostés, tuvo lugar en Córdoba una importante reunión organizativa de la Comunión Tradicionalista para la llamada zona sur-oeste, que contó con la asistencia de D. José Miguel Gambra, nuestro abnegado Jefe Delegado; D. Miguel Ayuso, director de la revista Verbo; D.ª Mónica Caruncho, responsable del rastrillo carlista; D. Manuel Molinero, Delegado Nacional de Juventudes Tradicionalistas; y Rodrigo Bueno, delegado de la Comunión en la zona sur-oeste. Acompañaban además a los anfitriones del Círculo Tradicionalista de Córdoba, numerosos correligionarios nuestros venidos de Sevilla, Jaén, Granada, Málaga y Almería, en representación de los círculos y juntas tradicionalistas leales a S. A. R. Don Sixto Enrique que se han ido formando ya en la mayoría de las capitales de provincia del sur peninsular.

Tras la Santa Misa celebrada según el rito romano tradicional, los congregados procedimos a almorzar muy cerca de la Catedral. Durante la reunión, el profesor Gambra pronunció una acertada e instructiva plática, en la que animó a todos a combatir sin desfallecer por el reinado social de Jesucristo en nuestra Patria, permaneciendo leales a nuestra Santa Causa y con fidelidad total al pensamiento tradicionalista. En ambiente de auténtica camaradería, tuvimos ocasión de intercambiar opiniones y sugerencias. Se planearon asimismo actividades para una propaganda eficaz que redunde en un mayor número de defensores de la bandera de Dios, la Patria y el Rey, y se habló de la Candidatura Tradicionalista (CTRAD) como instrumento legal para la lucha política, cuyos simpatizantes podrán adquirir en breve un carné de agradable diseño que incorpora un hermoso detente (para hacerse simpatizante de la CTRAD, haga clic en el siguiente enlace).

Dios quiera premiar nuestros esfuerzos de organización y nos permita salvar —como tantas veces han hecho los carlistas en el pasado— a nuestra maltrecha y amadísima España.








lunes, 21 de mayo de 2018

D. Aureliano González Francés (1844-1889)

Tal día como hoy, 21 de mayo, en el año 1889 fallecía a los 44 años de edad el destacado carlista afincado en Córdoba D. Aureliano González Francés. Había participado en la tercera guerra carlista en las filas de Don Carlos VII, rey legítimo de España, a quien antes defendió con la pluma como redactor del diario carlista cordobés «El Mediodía», fundado tras la Revolución de 1868.

D. Aureliano González Francés fue abogado y notario de los ilustres colegios de Córdoba y Sevilla y cristiano de elevadas virtudes. Escribió varias obras, entre las que se destaca la titulada «Aparición de la Santísima Virgen de la Fuensanta en Córdoba; leyenda histórica» (Córdoba, 1888).

Su nieto, el coronel y correspondiente de la Real Academia de la Historia D. Rafael Fernández González (†1990), realizó la reseña biográfica que reproducimos a continuación.


Don Aureliano González Francés. 1844-1889 

Por Rafael FERNANDEZ GONZALEZ

Retrato al óleo de D. Aureliano González Francés,
realizado el año 1.889 por el profesor de la Escuela
de Bellas Artes de Córdoba D. José Serrano.
Colección A. Fernández González.
Don Aureliano González Francés nació en Cuenca el 16 de junio de 1.844 y fue el hermano segundogénito del notable e ilustre Magistral de Córdoba don Manuel González Francés.

Desde sus primeros años dio claras muestras de una inteligencia precoz y vasta, tanto en las clases de primera enseñanza como en el Seminario Conciliar de aquel Obispado, donde con notas sobresalientes y repetidos premios de mérito realizó los estudios de la carrera de Derecho Civil y Canónico, que continuó en Córdoba, donde su hermano Manuel acababa de ganar en brillantes oposiciones la Canonjía Magistral.

Por aquel entonces comenzaba a fraguarse la insurrección carlista, y el pretendiente don Carlos de Borbón designa al Brigadier don Manuel López y Caracuel Comandante General de la Provincia de Córdoba, quien seguidamente funda un periódico diario que con el título de El Mediodía aparece su primer número el año 1.869, y entre los cuatro redactores del mismo figuraba el aún estudiante don Aureliano, que a su vez ejercía la Vicepresidencia de la Junta Católico Monárquica del Sagrario de Córdoba.

El 21 de junio de 1.871 y por unanimidad de votos en la Universidad de Sevilla, obtuvo el grado de Licenciado en Derecho Civil y Canónico, e inmediatamente el Brigadier Caracuel le nombra vocal y secretario de la junta Provincial Secreta de Guerra en Córdoba, comenzando el ejercicio de su carrera como abogado defensor de todos los carlistas presos por su ideas políticas, siendo a su vez Abogado Consultor de las Juntas de Coalición Carlista en las elecciones.

Comenzada la Guerra Carlista, marcha en unión de su hermano don Manuel a Navarra, y el 6 de noviembre de 1.873 dispone el General Elio que se incorpore a Irache, donde ayudó al socorro de los heridos de Montejurra hasta el 17, en que recibió el nombramiento de redactor del periódico El Cuartel Real y cronista de guerra del mismo con la categoría de Oficial del Ejército Real, marchando el día 18 a Vizcaya para incorporarse a la Comandancia General, donde permanece hasta la toma de Bilbao.

El 28 de enero de 1.874 le destinan a la Comandancia General de Castilla la Vieja, encontrándose en los combates de 24 y 25 de febrero, 25, 26 y 27 de marzo en los campos de Somorrostro, 28 de abril en el alto de las Muñecas y 25, 26 y 27 de junio en los campos de Abarzuza, siendo corresponsal de la Real Junta de Castilla la Vieja desde el 4 de mayo en la División de Batallones Castellanos, por cuyo motivo escribió varios artículos con el nombre de «Glorias de Castilla».

Por Real Orden de 9 de julio de 1.874 recibe el nombramiento de Asesor interino de la Comandancia General en la Provincia de Santander, incorporándose a la misma en Santa Cruz de Campero; el 23 marcha con la División de Cantabria en dirección de Peñaranda, ocupando en la noche de este día la cadena del alto del Puerto de Herrera, y así evitar el paso a las fuerzas enemigas que marchaban en socorro de la villa de La Guardia que fue tomada en una acción de sorpresa por la División de Alava.

El 22 de agosto y por Real Orden le nombran Asesor de la Comandancia General de Navarra y Consejo Militar de aquella provincia, con el empleo de Fiscal de Guerra de 2.ª clase (asimilado a Comandante). Este cargo lo desempeña de una manera digna de elogio, siendo de admirar los excelentes resultados de sus acertados trabajos; incansable en ellos, se ocupa noche y día en pro de la pronta y recta administración de justicia, redoblando el celo cuando la naturaleza de las causas así lo exigía. Fue tan inclinado a la clemencia como firme y sereno cuando fuese necesario imponer un merecido castigo, así como el alma del Tribunal por su competencia y rectitud de criterio. Siempre estuvo dispuesto a informar con esa rectitud de conciencia a las numerosas consultas del Presidente y de los cuatro Fiscales. Intervino en ciento dieciocho causas ultimadas hasta su archivo, y en cincuenta y siete en tramitación. Asimismo practicó informes en las Prisiones Militares de Estella y dictaminó sobre cincuenta detenidos, dando por resultado la libertad de muchos inocentes. En los momentos de peligro siempre se ofreció incondicionalmente al Jefe para realizar cualquier misión que le fuera encomendada.

Por Real Orden de 7 de octubre de 1.875 recibe el nombramiento de secretario particular del Secretario de Estado y del Despacho de Guerra, y por otra Real Orden de 5 de noviembre en atención a sus méritos y servicios le conceden la Cruz de Segunda Clase del Mérito Militar, a la que sigue otra del día once concediéndole la Medalla de Montejurra y la de las acciones de Somorrostro y Bilbao.

Por Real Orden de 23 de diciembre de 1.875 se le nombra Abogado Fiscal del Juzgado de la Real Casa, sin perjuicio del destino que viene desempeñando.

En atención a sus méritos y por Real Orden de 27 de febrero de 1.876 es ascendido a Fiscal de Guerra de Primera Clase del Cuerpo Jurídico Militar (Teniente Coronel), nombrándole Auditor de Guerra de Segunda Clase del referido Cuerpo.

Terminada la Campaña, el 8 de marzo de 1.876 pasa como exiliado a Francia, fijando su residencia en Bayona. El 19 de junio regresa a Córdoba por haberse acogido al indulto general.

En el mes de diciembre de este mismo año de 1.876 se traslada a Sevilla para tomar parte en las oposiciones a Notarías vacantes en el distrito territorial, realizando tan brillantes ejercicios que mereció la felicitación, no sólo de los numerosos asistentes a aquel acto, sino también de los jueces del tribunal calificador; y como premio a tan lucida oposición, se le concede la plaza de la Notaría vacante en Chiclana de la Frontera en la provincia de Cádiz.

El 28 de enero de 1.878 contrae matrimonio en Córdoba con D.ª Purificación Soriano Barragán, dama de noble familia de Alanís y hermana del ilustre párroco de Santiago don Antonio.

Durante su permanencia en Chiclana no tuvo más deseo que el de dar expansión a los nobles sentimientos de su alma grande, despreciando la acumulación de riquezas que le asegurasen un porvenir social y económico halagüeño, y por eso dedicóse con singular esmero al amparo del pobre, de la viuda y del desvalido, tanto en los tribunales de Justicia como en los negocios contencioso-administrativos, hasta el punto envidiable de conquistar el honroso sobrenombre de «padre de los pobres».

Hallábase a la sazón residiendo en Chiclana, como Obispo dimisionario de la diócesis de Cádiz, el virtuoso y dignísimo señor don Fray Félix María de Arriete, y un día, sin previa noticia y de improviso, presentóse en la casa de don Aureliano, preguntando por el «padre de los pobres», a quien deseaba conocer y estrechar entre sus brazos, como efectivamente lo hizo, con frases de modestia y gratitud por parte de don Aureliano.

Posesionado de aquella diócesis poco después el Ilustrísimo Sr. Catalá, repitióse la misma escena, con motivo de la primera y única visita pastoral que dicho Prelado realizó a los pueblos de su Obispado.

El 24 de octubre de 1.883 y por concurso de traslado toma posesión en Córdoba de la Notaría que con el Oficio 34 había desempeñado don Manuel Barranco, donde alcanzó grandes triunfos forenses en el ejercicio de la Abogacía, que compatibilizaba con honradez e ilustración con el desempeño de la función notarial.

Entusiasta aficionado de la gaya ciencia desde sus más tiernos años, y niño mimado de las musas, protegido por los dioses del Olimpo, fueron muchas y de gran valía las muestras que dio de su fecundidad como poeta, y sobre todo como poeta lírico admirador de las glorias de la religión y de la patria. Y en sus innumerables composiciones inéditas y en las  improvisaciones sin cuento, distinguióse siempre por la oportunidad en los conceptos, por lo galano de la dicción y la fluidez de la frase, que a la par revelaban la sencillez de sus costumbres, la nobleza del alma y la humildad, integrantes principales de su especial y simpático carácter.

Venciendo muchas dificultades, que oponía siempre su singular y hasta exagerada modestia, consiguieron sus familiares y amigos que diera a la estampa algunas de sus muchas y buenas producciones como «Azzahara», leyenda, honrada con un accésit en el cetamen celebrado por la Juventud Católica el 10 de diciembre de 1.871; «La Batalla de Munda», poesía laureada con mención honorífica en los Juegos Florales de 18 de mayo de 1.872 en Córdoba; su leyenta «Almanzor», premiada con mención honorífica en el certamen celebrado por la Sociedad Económica de Amigos del País de Córdoba en 19 de mayo de 1.883; «Romance imitación del siglo XIII», dedicado a su esposa Pura, que fue premiado con el título de Socio de Mérito y Cruz de Oro por la Academia de Montreal, de Toulouse, en 1.884; y la religiosísima e inspirada Aparición de la milagrosa imagen de la Fuensanta, leyenda histórica, editada en Córdoba en el establecimiento tipográfico La Puritana en 1.888.

¡Coincidencia singular!, la mayor parte de sus composiciones religiosas y literarias fueron escritas o premiadas en el mes de mayo; mes de los poetas, de las flores y de las auras; mes dedicado a María Santísima, que indudablemente quiso premiar los obsequios que le tributó la vida, llevándole también el 21 de mayo de 1.889 a los 44 años de edad, a gozar de Dios en la morada de los ángeles.

viernes, 5 de enero de 2018

D. Rafael Aguilar y Medina (1840-1876)

Tal día como hoy, en la madrugada del 5 de enero de 1876, moría en Córdoba el presbítero D. Rafael Aguilar y Medina. A su muerte, su compañero D. Antonio Soriano y Barragan, cura párroco de la iglesia de Santiago, publicó en el Diario de Córdoba una necrología del Sr. Aguilar titulada NECROLOGÍA: Mi última palabra sobre su tumba, que empezaba con las palabras «¡Gloria al hombre sin tacha y de honor!». D. Antonio Soriano había dirigido la primera época de El Amigo Católico (1873-1875) —periódico consagrado a la defensa de los legítimos intereses sociales: Religión, Familia, Propiedad— del que D. Rafael Aguilar fue redactor.

Años después haría un resumen de la citada necrológica el escritor cordobés Enrique Redel y Aguilar en su obra San Rafael en Córdoba (1899), pp. 232-233. De ambos escritos hemos tomado los siguientes datos.
Página del periódico cordobés
El Amigo Católico (1873-1875 y 1877-1878)
Don Rafael Aguilar y Medina nació en Córdoba el 13 de enero de 1840, de padres pobres pero honrados. A la edad de nueve años comenzó a estudiar el latín y, en tiempo breve, llegó a manejarlo tan a maravilla que era el maestro a los tres años de casi todos sus condiscípulos y amigos aficionados.

Fue alumno primeramente del Colegio de la Asunción y —como quiera que desde muy niño mostró vocación sacerdotal— cursó en el Seminario de San Pelagio la Filosofía y la Teología. En 1865, antes de terminar sus estudios teológicos, fue nombrado Catedrático de Latín y Humanidades del Seminario, e impartió estas asignaturas durante cinco años. Desde 1869 explicó también las asignaturas de Lógica, Ética e Historia de España, hasta 1873, año en que hizo renuncia de las Cátedras por hallarse muy agobiado de padecimientos físicos.

Era sacerdote desde 1864 y se distinguió notablemente en el púlpito. Cuando la revolución impía de 1868 pretendió arrollar la Religión, D. Rafael Aguilar Medina fue uno de los que, cogiendo su bien cortada pluma, opusieron al devastador torrente del positivismo materialista las sanas y sublimes doctrinas del catolicismo en notables artículos que se publicaron en el diario carlista de Córdoba El Mediodía (1869-1870) y en los periódicos católicos El Antídoto (1871-1873) y El Amigo Católico (1873-1875), así como en bellas e inspiradas composiciones poéticas que se insertaron en varias publicaciones periódicas dentro y fuera de la capital cordobesa.

Obtuvo premios en certámenes literarios y fue socio correspondiente de la Academia de ciencias, bellas letras y nobles artes de Córdoba y socio de número de la de Amigos del País.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Presentación en Córdoba del libro «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo»

El pasado jueves día 9 de noviembre en una de las salas principales del Real Círculo de la Amistad tuvo lugar la presentación de la obra «Una resistencia olvidada. Tradicionalistas mártires del terrorismo», organizado por el Círculo Joven y por el recientemente reorganizado Círculo carlista del Reino de Córdoba una distinguida concurrencia, marcadamente juvenil, llenaba la sala.

El acto comenzó con una oración por los Mártires de la Tradición y resto de víctimas del terrorismo dirigida por el Padre José Ramón García Gallardo, consiliario nacional de las Juventudes Tradicionalistas, el cual tiene vínculos familiares en Córdoba, así como con la margarita sevillana Genera García O'Neill, fallecida en el atentado contra el Hotel Corona de Aragón. Juan Manuel Fernández, del Círculo Joven, presentó al autor del libro. Con el apoyo de una presentación de diapositivas el autor desgranó parte del contenido de la obra y sus tesis fundamentales: cómo carlismo y nacionalismo han estado radicalmente enfrentados; cómo la mayoría de los civiles asesinados por los etarras fueron tradicionalistas; cómo sólo se puede explicar el dominio nacionalista en Vizcaya y Guipúzcoa por el gran éxodo de vascongados por culpa de la amenaza terrorista, y cómo entre los primeros trasterrados estaban destacadas familias carlistas.

Tras la exposición se abrió un animado turno de preguntas, continuada después en animada tertulia en uno de los patios del Círculo de la Amistad.





El libro puede solicitarse desde cualquier lugar a: info@edicionesauzolan.net o en el facebook de Ediciones Auzolan, PULSAR AQUÍ

domingo, 12 de noviembre de 2017

José María de Alvear y Abaurrea

José María de Alvear y Abaurrea (1900-1936)
José María de Alvear y Abaurrea fue un político y aristócrata español, nacido en Sevilla el 1 de marzo de 1900 y muerto en acción de guerra, en Navalperal de Pinares, el 31 de julio de 1936.

Era hijo de los condes de la Cortina y caballero profeso de la Orden de Santiago. Cursó los primeros estudios en Chamartín de la Rosa con los PP. Jesuitas, desde donde pasó a Inglaterra, al colegio que los mismos tenían en Mount St. Mary's, en Chesterfield. Estudió luego varios cursos en el Instituto Católico de Artes e Industrias, de Madrid, con objeto de completar sus conocimientos y poder ayudar a su padre en el negocio de vinos que poseía en Montilla (Córdoba).

Desde que tuvo edad para actuar en política, se adhirió a la Comunión Tradicionalista, desempeñando al poco tiempo el cargo de jefe provincial de Córdoba, realizando en toda la provincia una intensa campaña de propaganda al implantarse la República en 1931, campaña que culminó en el magnífico mitin que, en abril de 1932, tuvo lugar en la plaza de toros de Córdoba y del cual fue el principal organizador. Los tradicionalistas de la Andalucía occidental celebraban a la sazón la Semana Tradicionalista, con motivo de la cual se dieron mítines en las cuatro capitales de dicha región y en numerosos pueblos importantes, tomando parte los principales oradores de la Comunión, y debiendo terminar con un mitin en la plaza de toros de Sevilla. Ante el éxito obtenido en esa campaña, el Gobierno de la República prohibió el acto de Sevilla, por lo que los organizadores, en un gesto de audacia, decidieron trasladarlo a la plaza de toros de Córdoba. En la madrugada del día fijado fue comunicada la suspensión del mitin; pero como ya se encontraban en camino trenes especiales y caravanas de autobuses de toda Andalucía, a la llegada del tren especial de Sevilla se organizó en la estación de Córdoba una imponente manifestación, presidida por el jefe regional Fal Conde, Alvear y los oradores conde de Rodezno, Lamamié de Clairac y Esteban Bilbao. La manifestación aumentó notablemente al llegar al paseo del Gran Capitán, donde empezaron a ondear banderas bicolor entre vítores y aclamaciones delirantes. De la mayor parte de las casas recibían muestras de entusiasmo, apareciendo colgaduras en los balcones, siendo éste el primer acto en que, desde el advenimiento de la República, se enarbolaron banderas rojo y gualda. Durante el discurso de Esteban Bilbao entró la fuerza pública, invitando a disolver el acto y deteniendo a los oradores, a Fal Conde y a Alvear, pese a que algunos de los primeros eran diputados.

José María de Alvear, hombre recto y austero y trabajador infatigable, ocupó el antes citado cargo político, de tanta responsabilidad, sin perjuicio de la enorme ayuda que prestaba a su padre en las labores agrícolas y en sus bodegas, donde, por su bondad y constante ejemplo, era querido como un padre por los obreros todos.

A pesar de la preponderancia de los socialistas en Montilla, fundó allí un Círculo Tradicionalista, que llegó a reunir más de cuatrocientos socios, y, por falta material de sitio, viose precisado a no admitir nuevas solicitudes.

Encarcelado con motivo de los sucesos del 10 de agosto de 1932, fue llevado en conducción ordinaria y esposado desde Sevilla a Córdoba.

Al llegar las elecciones de febrero de 1936, y haciéndose insoportable la vida en el pueblo, llevó a su familia a Sevilla, pasándola en abril a Portugal y continuando él en España para seguir luchando por sus ideales.

En diversas ocasiones, el jefe de los tradicionalistas, Fal Conde, con quien le unía estrecha amistad, le encargó delicados asuntos, cuyo cumplimiento llevó a cabo con el mayor celo y prontitud. Tomó parte muy activa en la preparación de los requetés de Andalucía y, por encargo de sus jefes, en la organización de ciertas importaciones portuguesas en la frontera de Huelva, por lo que en los comienzos del verano de 1936 marchó a Portugal, donde le sorprendió el Movimiento. Al estallar éste pretendió, con otros compañeros, entrar en España, sin poder lograrlo por no haber sido tomado todavía el inmediato pueblo de Ayamonte; y habiendo fracasado su intento de cruzar la frontera por mar en una gasolinera que estuvo a punto de zozobrar, salieron hacia Fuentes de Oñoro, logrando entrar por Salamanca el 23 de julio.

Alvear se alistó en el acto como voluntario, en su calidad de alférez de complemento de Caballería, no obstante su edad y los ocho hijos pequeños que había dejado en su casa. Trabajó febrilmente en la organización de la columna del comandante Doval, del que fue designado ayudante, columna que se preparaba a salir con dirección a Madrid.

A pesar de que, por su cargo de jefe provincial de Córdoba, pudo quedarse en Burgos, en la Comisaría General del Tradicionalismo, no quiso permanecer en la retaguardia, saliendo a enfrentarse con los enemigos de sus ideales. En varias ocasiones había afirmado:

«En esta persecución marxista, no me gustaría morir víctima del odio de clases; pero si en el campo de batalla caigo luchando contra los enemigos de Dios y de mi Patria, bendita sea la herida que contribuye a la salvación de España.»

Y cuando, para que obrase con prudencia, le recordaban que tenía ocho hijos, solía decir:

«Prefiero hijos sin padre a hijos sin Patria. Si muero defendiendo la causa de Dios, ya Él se cuidará de ellos.»

El 31 de julio, al ser intentada la toma de Navalperal de Pinares, ante un enemigo fuertemente atrincherado y muy superior en número y armamento, Alvear —que se distinguió por su valor y elevado espíritu— fue herido en una pierna, negándose a ser evacuado. Engrosado el enemigo por poderosas fuerzas salidas de Madrid, se hizo conveniente la retirada. En medio de un vivísimo tiroteo, el comandante pidió un voluntario para trasmitir una orden, atravesando la zona más batida. José María Alvear, a pesar de hallarse herido, se levantó de un salto, siendo alcanzado por una bala en la frente y quedando el cadáver en poder del enemigo. Exhumado más tarde, fue trasladado al panteón familiar de Montilla.

Pérez de Olaguer, Antonio: Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana (Suplemento 1936 - 1939. 1.ª parte). Espasa-Calpe. pp. 341-342.
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